Hace cuatro años y precisamente durante la feria de flores, tuve un altercado con la policía porque al verme besándome con mi pareja, trataron de que nos retiráramos del sitio, argumentando lo de siempre escándalo público y menores presentes, entre otros muchos moralismos.
Creo que desde eso no asistía a ningún evento de feria. Pero el pasado jueves después de dictar la cátedra en la Escuela de Formación Popular de la Red Juvenil de Medellín, decidí irme con mi familia de hombres homosexuales al Parque de los Deseos, donde se presentaba un espectáculo de humoristas internacionales. La sorpresa me llenó de orgullo ciudadano, gran cantidad de jóvenes gays, en su mayoría emparejados, disfrutaban del espectáculo, al tiempo que de su afectividad manifiesta, sin que alguien a su alrededor se viera escandalizado.
La alegría no es sólo porque nuestra afectividad se socialice, como debe ser, dentro de los límites del respeto mutuo en los espacios públicos de una ciudad que nos pertenece por igual, sino porque al sacar nuestros afectos de la clandestinidad evitamos a toda costa ser carnada fácil para los homofóbicos y criminales por odio, que aprovechan la vergüenza que sobre nuestro cuerpo y sexualidad ha propiciado la cultura tradicional, para hacernos presa fácil de sus delitos.
Lo que no tiene porque ocultarse, tampoco propiciará chantajes ni sometimientos, máxime cuando tendremos en la ciudad en próximos días la tan anhelada figura de policía enlace, alguien que entienda a profundidad el tema de las diversidades sexuales y de nuestros derechos ciudadanos y que por tanto sea nuestro punto de referencia para pedir protección en situaciones de vulnerabilidad o amenaza social. Esta figura opera ya en varias partes del mundo, y es un puente de comunicación de doble vía entre dos sectores sociales tradicionalmente opuestos. De un lado los LGBT entenderemos nuestras responsabilidades y derechos para con la ciudad y las normas de convivencia ciudadana, y del otro la policía dejará de asumirnos como delincuentes o asóciales simplemente por motivo de nuestras diversidades en razón de genero, cuerpo o sexualidades.
Esperamos que con las nuevas normas de convivencia entre las diversidades y la ciudad, propiciadas por la administración Fajardo, y que van más allá de una simple norma, y son una actitud personal del mandatario y de gran parte de su equipo de trabajo, propiciando escenarios de convivencia en el respeto como los vivenciados durante el espectáculo de feria de flores en el parque de los deseos, nos permitan además dejar de lado las muletillas de disculpa de algunos funcionarios uniformados y civiles, a quienes aún les queda grande aquello de las inclusiones a las diversidades, y cuando se les mencionan las alarmas por mas de 15 asesinatos –evidentemente crímenes de odio- contra hombres homosexuales, denunciados mediante la web, se limitan a decir “porque no se fijan con quien se meten”
La eroticidad y el afecto, la búsqueda de la compañía y del amor, no deben significar para gays, lesbianas, bisexuales y trans, un escenario de peligro, y eso se empieza a sortear cuando nuestra sexualidad deja de verse y de mantenerse como oscura y clandestina, y empezamos en igualdad de derechos a ocupar los espacios públicos y los escenarios de encuentro del resto de la población, con la dignidad de seres humanos iguales ante la ley, y con el reconocimiento y el respeto como ciudadanos, ciudadanas, de Medellín.